Reflexiones A Ser Consideradas ( I)

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Reflexiones A Ser Consideradas ( I)

Mientras tenemos la oportunidad de seguir transitando por este plano, estar atento,?? plenamente identificados con la relevancia de crecer como persona y espiritualmente, no podemos ignorar? las aportaciones que otros caminantes? nos proporcionan, legan, a fin de optimizar todas aquellas informaciones que realmente manifiestan vibraciones, que avivan nuestro potencial y nos permite determinar que importante es saber aprovechar las oportunidades.

?En esta oportunidad compartimos con los interesados en su crecimiento, en saber aprovechar los minutos, las horas, d?as, a?os, confiando que se le sacar? provecho a ello. Para eso, hemos seleccionados algunas y no dudamos que ayudaran en reflexionar lo hermoso, trascendental?? que es el pasar por esta dimensi?n, aprendido y? utilizado? exitosamente? nuestro? tiempo concedido y estar plenamente identificados que hemos cumplido con nuestra misi?n.

?LA TRISTEZA Y LA FURIA

En un reino encantado donde los hombres nunca pueden llegar, o quiz?s donde los hombres transitan eternamente sin darse cuenta…
En un reino m?gico, donde las cosas no tangibles, se vuelven concretas.
Hab?a una vez… un estanque maravilloso.
Era una laguna de agua cristalina y pura donde nadaban peces de todos los colores existentes y donde todas las tonalidades del verde se reflejaban permanentemente…
Hasta ese estanque m?gico y transparente se acercaron a ba?arse haci?ndose mutua compa??a, la tristeza y la furia. Las dos se quitaron sus vestimentas y desnudas las dos entraron al estanque. La furia, apurada (como siempre esta la furia), urgida -sin saber por qu?- se ba?o r?pidamente y m?s r?pidamente a?n, sali? del agua…
Pero la furia es ciega, o por lo menos no distingue claramente la realidad, as? que, desnuda y apurada, se puso, al salir, la primera ropa que encontr?…Y sucedi? que esa ropa no era la suya, sino la de la tristeza…Y as? vestida de tristeza, la furia se fue.
Muy calma, y muy serena, dispuesta como siempre a quedarse en el lugar donde est?, la tristeza termin? su ba?o y sin ning?n apuro (o mejor dicho, sin conciencia del paso del tiempo), con pereza y lentamente, sali? del estanque.
En la orilla se encontr? con que su ropa ya no estaba.
Como todos sabemos, si hay algo que a la tristeza no le gusta es quedar al desnudo, as? que se puso la ?nica ropa que hab?a junto al estanque, la ropa de la furia.
Cuentan que desde entonces, muchas veces uno se encuentra con la furia, ciega, cruel, terrible y enfadada, pero si nos damos el tiempo de mirar bien, encontramos que esta furia que vemos es s?lo un disfraz,
y que detr?s del disfraz de la furia, en realidad… est? escondida la tristeza.

LA ALEGORIA DEL CARRUAJE

?Alguien escribi?, que un d?a de octubre, una voz familiar en el tel?fono me dice: -Sal? a la calle que hay un regalo para vos.
Entusiasmado, salgo a la vereda y me encuentro con el regalo. Es un precioso carruaje estacionado justo, justo frente a la puerta de mi casa. Es de madera de nogal lustrada, tiene herrajes de bronce y l?mparas de cer?mica blanca, todo muy fino, muy elegante, muy «chic». Abro la portezuela de la cabina y subo. Un gran asiento semicircular forrado en pana bord? y unos visillos de encaje blanco le dan un toque de realeza al cub?culo. Me siento y me doy cuenta que todo est? dise?ado exclusivamente para m?, est? calculado el largo de las piernas, el ancho del asiento, la altura del techo… todo es muy c?modo, y no hay lugar para nadie m?s.
Entonces miro por la ventana y veo «el paisaje»: de un lado el frente de mi casa, del otro el frente de la casa de mi vecino… y digo: «?Qu? b?rbaro este regalo! «?Qu? bien, qu?
lindo…!» Y me quedo un rato disfrutando de esa sensaci?n. Al rato empiezo a aburrirme; lo que se ve por la ventana es siempre lo mismo. Me pregunto: «?Cu?nto tiempo uno puede ver las mismas cosas?» Y empiezo a convencerme de que el regalo que me hicieron no sirve para nada.
De eso me ando quejando en voz alta cuando pasa mi vecino que me dice, como adivin?ndome: -?No te das cuenta que a este carruaje le falta algo?
Yo pongo cara de qu?-le-falta mientras miro las alfombras y los tapizados.
-Le faltan los caballos – me dice antes de que llegue a preguntarle.
Por eso veo siempre lo mismo -pienso-, por eso me parece aburrido.
-Cierto – digo yo. Entonces voy hasta el corral?n de la estaci?n y le ato dos caballos al carruaje. Me subo otra vez y desde adentro les grito:-??Eaaaaa!!
El paisaje se vuelve maravilloso, extraordinario, cambia permanentemente y eso me sorprende. Sin embargo, al poco tiempo empiezo a sentir cierta vibraci?n en el carruaje y a ver el comienzo de una rajadura en uno de los laterales. Son los caballos que me conducen por caminos terribles; agarran todos los pozos, se suben a las veredas, me llevan por barrios peligrosos.
Me doy cuenta que yo no tengo ning?n control de nada; los caballos me arrastran a donde ellos quieren. Al principio, ese derrotero era muy lindo, pero al final siento que es muy peligroso.
Comienzo a asustarme y a darme cuenta que esto tampoco sirve. En ese momento veo a mi vecino que pasa por ah? cerca, en su auto. Lo insulto: -?Qu? me hizo!
Me grita:-?Te falta el cochero!-?Ah! – digo yo.
Con gran dificultad y con su ayuda, sofreno los caballos y decido contratar un cochero. A los pocos d?as asume funciones. Es un hombre formal y circunspecto con cara de poco humor y mucho conocimiento. Me parece que ahora s? estoy preparado para disfrutar verdaderamente del regalo que me hicieron. Me subo, me acomodo, asomo la cabeza y le indico al cochero a d?nde ir. ?l conduce, ?l controla la situaci?n, ?l decide la velocidad adecuada y elige la mejor ruta. Yo… Yo disfruto el viaje.»Hemos nacido, salido de nuestra casa y nos hemos encontrado con un regalo: nuestro cuerpo. A poco de nacer nuestro cuerpo registr? un deseo, una necesidad, un requerimiento instintivo, y se movi?. Este carruaje no servir?a para nada si no tuviera caballos; ellos son los deseos, las necesidades y los afectos.
Todo va bien durante un tiempo, pero en alg?n momento empezamos a darnos cuenta que estos deseos nos llegaban por caminos un poco arriesgados y a veces peligrosos, y entonces tenemos necesidad de sofrenarlos. Aqu? es donde aparece la figura del cochero: nuestra cabeza, nuestro intelecto, nuestra capacidad de pensar racionalmente
.
El cochero sirve para evaluar el camino, la ruta. Pero quienes realmente tiran del carruaje son tus caballos.
No permitas que el cochero los descuide. Tienen que ser alimentados y protegidos, porque… ?qu? har?as sin los caballos? ?Qu? ser?a de vos si fueras solamente cuerpo y cerebro? Si no tuvieras ning?n deseo, ?c?mo ser?a la vida? Ser?a como la de esa gente que va por el mundo sin contacto con sus emociones, dejando que solamente su cerebro empuje el carruaje. Obviamente tampoco pod?s descuidar el carruaje, porque tiene que durar todo el proyecto. Y esto implicar? reparar, cuidar, afinar lo que sea necesario para su mantenimiento. Si nadie lo cuida, el carruaje se rompe, y si se rompe se acab? el viaje…»

En relaci?n al Amor, especialmente ese que se comparte con la pareja que se seleccion? libremente, ?se manifiestan? algunas reflexiones? que indican como lo se?ala Mauricio Abadi, que:

????????? Los sentimientos, a diferencia de las pasiones, son m?s duraderos y est?n anclados a la percepci?n de la realidad externa. La construcci?n del amor empieza cuando puedo ver al que tengo enfrente, cuando descubro al otro. Es all? cuando el amor reemplaza al enamoramiento.

????????? Hablamos del amor en el sentido de «que nos importa el bienestar del otro».
Nada m?s y nada menos. El amor como el bienestar que invade cuerpo y alma y que se afianza cuando puedo ver al otro sin querer cambiarlo.
M?s importante que la manera de ser del otro, importa el bienestar que siento a su lado y su bienestar al lado m?o. El placer de estar con alguien que se ocupa de que uno est? bien, que percibe lo que necesitamos y disfruta al d?rnoslo, eso hace al amor.

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Ing. Industrial-administrador, abogado, UC, EGADE (ITESM) Postgrados maestrias Administración de empresas, mencion mercados, recursos humanos; calidad y productividad productividad; educación

Doctorado en Educación

Profesor titular de Area Postgrado de Faces UC. Consultor -asesor empresarial,Deproimca; Exatec.

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