alcanzaban en las artes, ciencias, o mismo en la agricultura dejaban ver un poder que sobrepasar?a el milenio, sin embargo, la realidad como veremos m?s adelante fue otra.
Es bien sabido que el Rey Salom?n se encargaba en persona de hablar con su pueblo, y muchas fueron las veces que tuvo que hacer justicia, como aquella donde dos madres portando un solo beb? se presentaron a palacio reclamando ambas ser la madre verdadera de la criatura. Ocurre, que una de ellas sin querer durante la noche y en pleno sue?o, se movi? y aplast? a su criatura. Al despertar a la ma?ana siguiente descubri? que sin querer, ella, la hab?a asfixiado, tom? al hijo de la otra mujer, quiso cambiarlo y quit?rselo. La verdadera doliente a su vez, al darse cuenta de lo ocurrido, estando ante el Rey, defend?a su maternidad con todo vigor. Al permit?rseles hablar, las dos mujeres contaron el problema a su manera. Ante esta disyuntiva el Rey con toda la seriedad que el caso ameritaba, les dio la raz?n a ambas, dec?a que era dif?cil reconocer a la verdadera madre por lo tanto dijo que iba a hacer justicia. Tom? al ni?o y blandiendo su espada dijo que cortar?a a la criatura en dos y le dar?a una parte a cada una de las mujeres para as? complacerlas. La verdadera madre, solt? el llanto y dijo que no lo matara, pidi? clemencia por la criatura, dijo preferir le fuera entregada el ni?o a la otra mujer, pues ella no quer?a ni pod?a permitir el sacrificio de su hijo. Al ver el Rey el comportamiento de una y la apat?a de la otra mujer a la que eso no le hubiese importado, de inmediato hizo sentencia y entreg? la criatura a su verdadera madre. En otra ocasi?n recibi? el reclamo de muchas mujeres que adelant?ndose a los acontecimientos en el tiempo demandaban la igualdad con el hombre. Ellas en su reclamo ped?an el mismo trato. Estaban cansadas de los castigos y sacrificios de las mujeres, de la libertad del hombre y hasta de las penas de muerte por la simple infidelidad, que en algunas oportunidades fueran descubiertas, y peor a?n, hasta a veces por la simple duda de haber cometido adulterio, cuando era notorio que a ellos, los hombres, no se les culpaba por esto.
Salom?n dijo querer complacerlas y les dio una oportunidad y convid? a todas aquellas mujeres para que al otro d?a se presentaran en palacio con una vasija llena de leche, ?ste, ser?a el primer paso intentado en la historia para favorecer la liberaci?n femenina. Cientos de mujeres se presentaron en palacio, al llegar se les orden? que volcaran su leche dentro de una vasija mayor que estaba depositada en el centro del sal?n real. Cuando todas hab?an cumplido con este pedimento, Salom?n les habl?.
Estamos aqu? reunidos porque ustedes, las mujeres piensan que se le debe de dar la misma libertad que a los hombres, bueno, dijo: ahora tendr? permiso real para
comportarse igual que un hombre, toda aquella mujer que pueda sacar de esa vasija la misma leche que ella trajo. Las mujeres vieron el imposible, entendieron, no se podr?a sacar la misma, pues se hab?a mezclado la leche y no se pod?a saber de qui?n era cu?l.
Entonces al ver que segu?an protestando, El Rey dijo: c?mo podr?amos estar seguro de la paternidad de alguien si la madre se mezclara con uno y con otro. Una cosa sabemos con certeza y es que la maternidad no tiene dudas. Las mujeres aceptaron la lecci?n y no se volvi? a hablar m?s de este tema hasta hace apenas unos dos o trescientos a?os.
Y pasaron los tres a?os y medio de la construcci?n del Arca de Salom?n y entonces el Rey llam? a sus consejeros y capitanes e hizo una lista de cuales ser?an las esposas que ir?an al exilio, o a lo que ?l llam? a la conquista de nuevas tierras para el engrandecimiento del reino. Entre sus s?bditos fenicios tom? a uno de sus capitanes m?s famosos, Melqu?ades y le encomend? guiara a sus mujeres, a algunos de sus soldados y orden? tomara tantos marineros egipcios como quisiese. En el viaje, Salom?n lo enviar?a acompa?ado de uno de sus primos, para as? contagiar a las mujeres con tranquilidad toda la traves?a, pues pens? que esto les dar?a un poco m?s de seguridad.
Cuando se supo que la nave estaba lista, comenz? a verse como la ciudad vibraba, estaba como en una ebullici?n, aqu?l fue un mes repleto de fiestas y alegr?as, los negociantes hac?an su agosto, con todo lo que les era ordenado, cada d?a se agregaban nuevas necesidades a lista, a decir por la cantidad de cosas y los pertrechos que ya llevaban, poco ser?a lo que les podr?a hacer falta. Centenares de cabras, ovejas, gallinas, colchas para resguardar el fr?o, hierbabuena, canela, hojas secas de te verde, nuez moscada, garrafas y garrafas de vino, aceitunas, verdes y negras, agua, mucho agua, etc., a cada mujer por su propia cuenta se le permiti? llevar sus ajuares completos, e inclusive pod?a llevar a una o dos de sus esclavas preferidas; ba?les y ba?les se fueron amontonando y subiendo a bordo. La verdad, es que podr?amos ir al pasado, inventariar y detallar lo encargado y cargado para la traves?a, pero ser?a un espacio de tiempo que no vemos fruct?fero, por ello, lo mejor es parar de contar y dedicarnos a dejar correr el tiempo.
Pero como todo en la vida, el mes lleg? a su final y el d?a escogido fue acerc?ndose, ya era el momento de partir, muchas de las esposas lloraban, ped?an perd?n, demandaban clemencia, promet?an rectificar. Esto no hac?a m?s que incrementar las dudas en el Rey, se pod?a comprender que algo anduviese mal. De cualquier manera eran tantas las otras esposas que quedaban y que hab?a que satisfacer, que el cargo de conciencia dur? muy poco. Dir?a que apenas los marineros comenzaron su trabajo y la gente grit? canciones de despedida fue como una se?al para dar por terminado el episodio de la partida.
Hablamos de un viaje como si se tratase de alguna fantas?a, como si estuvi?semos tocando los acordes descontrolados de una mente imaginativa, cuando la realidad fue otra, no nos referimos a un supuesto por exclusiva decisi?n nuestra, cuando nos basamos en que ?se fue todo un hecho, lo hacemos por las pruebas que iremos presentando a continuaci?n y de igual manera, rememorando lo ya dicho por el profeta Ezequiel, quien vivi? cientos de a?os antes de Cristo, cuando en sus relatos hablaba de los Tirios a otros mundos. Pero debemos seguir con nuestro barco, o mejor dicho, el de Salom?n el cual era imponente, sus velas, enormes para el momento hist?rico que estamos narrando, dejaban boquiabiertos a los ciudadanos, unos por ese motivo, otros por ver como a las reinas se las mandaba allende las fronteras. Entre la poblaci?n se mezclaban sentimientos confusos, unos de alegr?a, suspenso, tensi?n, temor, respeto, y todos estos regidos por el de la obediencia.
Mientras los marineros soltaban las amarras, suponemos bajo la orden a seguir, algo as? que hoy llamar?amos como si hubiesen dado la orden de levar anclas, se
escuchaban lamentos, gritos. M?sicos que se encontraban en el puerto dieron comienzo a muchas y variadas piezas musicales, que sirvieron como despedidas, y as? se respira esa como otras muchas veces m?s tarde, una mezcla de llantos y canciones. Se comenta que el Rey se hab?a retirado a sus aposento, se da a entender que no pudo ver el cuadro, probablemente quiso omitir en parte un poco la pena. Aunque hay versiones que dejan verlo que a hurtadillas, se asomaba desde los balcones de palacio.
La nave, enorme en comparaci?n con otras de la misma ?poca, por las dimensiones con que hab?a sido construida, al irse alejando, iba mostrando lo peque?a que se convert?a, al irse acercando a lo grandioso de la creaci?n. En la medida que el viento la llevaba, de a poco se iba alejando del puerto y reduciendo en el horizonte la silueta del barco y de sus velas; era como algo so?ado, no daba la impresi?n de ser un hecho real. Y as? m?s de tres a?os de ardua labor, en pocas horas, la gente vio como la misma desaparec?a en el horizonte.
En Palacio se pod?a sentir un ambiente cargado de tristeza, a ratos daba la impresi?n de un probable arrepentimiento de parte del Rey, al darse cuenta de esta posibilidad, uno de sus ministros, hizo que todo cambiara, mand? a m?sicos, bailarinas y payasos para que dieran inicio a sus presentaciones y en nada, un ambiente festivo aunque un poco forzado fue adue??ndose de los salones. Las odaliscas contorsionaban sus caderas como nunca antes, y los payasos, sabiendo de un posible mal humor de su rey dieron de s?, lo m?ximo, mostrando nuevos n?meros, haciendo gala de un repertorio humor?stico y dejando ver que la risa es el remedio m?s r?pido para erradicar la tristeza.
El d?a fue tornando hasta llegar a una normalidad acostumbrada. Ese d?a en especial la extra?a luz de una tarde que parec?a de noche, dejaba ver algo la p?rdida, el dolor, hasta el mismo cielo quiso dejar constancia de su disgusto, puede ser seg?n se exagera que durante la noche llovi?, que el cielo llor? a sus mujeres. La servidumbre dir?a en un d?a como hoy, que los retratos de las mujeres se ir?n marchitando en las noches ininterrumpidas de los pasillos y los aposentos desiertos. Y que las vivencias de esas que partieron envejecer?n en los estantes polvorientos del tiempo. Quien sabe. Lo que si estamos conscientes y sabemos como realidad, es que al comienzo la gente en sus hogares dej? que sus voces practicaran en el canto con diferentes posibilidades, el vino, la noche y el cansancio logr? hacer lo que suele, llevarlos a los brazos de Morfeo, as? el pueblo y su Rey junto con sus reinas huyendo en soledad bajo las sombras nocturnas, pudieron dormir sin la carga de cualquier complejo de culpa.
En palacio las esposas al retirarse a sus aposentos sent?an un gran alivio, muchas
de sus enemigas, si podemos llamarla de ese modo pues muchas fueron las veces en que el Rey no se ocup? de sus deseos, sus ganas, por estar inmerso en otras cuestiones con algunas de las que ahora hab?an realizado el viaje.


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