por el padre, y el Yo pretende ser amado por ?ste. Puede suceder que el Ideal se mantenga en la madre, y el Yo ante el temor de no ser amado por sus deseos hostiles, cambie el desarrollo de afecto agresivo por el sentimiento de no ser amado, sentimiento que no es posible de inhibir. En el goce autoer?tico por la estimulaci?n del pene o el cl?toris, el Yo tiene una vinculaci?n de enamoramiento, acompa?ado de omnipotencia, y felicidad por la coincidencia del narcisismo con el autoerotismo. Cuando el ni?o descubre que su madre no tiene pene surge el horror. ?ste se desarrolla a partir de tres deseos: el de encontrar en la madre un doble de s? cuyo fracaso conduce a la angustia de castraci?n, (que es un afecto traum?tico), un deseo agresivo porque incrimina a la madre como responsable de una falta, un deseo de ser como el ideal cuyo derrumbe genera en el Yo el sentimiento de aniquilaci?n. El horror articula entonces tres afectos, angustia, culpa y aniquilaci?n.
Para mantener este desarrollo de afecto como una se?al, el Yo se defiende de la siguiente manera; de la angustia con la represi?n, de la culpa con la identificaci?n secundaria (que si fracasa lleva a que la culpa sea traum?tica), con la desmentida de la aniquilaci?n (cuyo fracaso da lugar a un afecto traum?tico). El fracaso de la desmentida conduce al desarrollo de lo siniestro, porque la maduraci?n del aparato ya permite diferenciar la familiar de lo extra?o.
El sentimiento de culpa, en un primer momento implica angustia y dolor por la p?rdida del amor, luego el dolor se mantiene como amenaza por que el deseo de la castraci?n materna es reprimido, y queda la angustia frente al temor de la p?rdida del amor. La culpa sustituye el temor a no ser amado por los padres, es una consecuencia
inexorable de las alternativas de los destinos pulsionales que complejizan el aparato ps?quico. Secuencialmente la culpa se va construyendo por: un deseo hostil, luego un deseo libidinal, nostalgia por un estado anterior imaginario, registro de la ausencia de lo anhelado, acusaci?n al Yo nostalgioso y responsable del deseo hostil, desarrollo del afecto culpa. La diferencia entre culpa y aniquilaci?n estriba en que en la primera, la investidura es con el objeto y el derrumbe del ideal queda incluido intraps?quicamente como instancia, el super-y?. En la aniquilaci?n la investidura es narcisista, y la ca?da del ideal lleva consigo al Yo, quien se siente desintegrado. El v?nculo de ser -identificaci?n primaria-, es afectado por la desorganizaci?n del Yo-placer, con coincidencia de los afectos de angustia y dolor.
Rec?procamente relacionado con la culpa surge la desvalorizaci?n, en ?sta el Yo resulta perdedor en su comparaci?n con el ideal.
-Afecto y la formaci?n del Superyo.
La dependencia que el Yo tiene del Superyo, genera un amplio espectro de afectos. El deseo de reconocimiento, como expresi?n de amor del Superyo al Yo y como el resultado de un juicio de atribuci?n. ?ste implica una decisi?n que depende de las palabras que profiere el Superyo al Yo. Se vincula con la autopercepci?n de la imagen de ?ste ?ltimo, y que es correlacionado por el Superyo con los ideales. Su opuesto es el desconocimiento que genera c?lera.
Estos estados afectivos se sostienen por el deseo de mantener una investidura del Yo apoy?ndose en las pulsiones de autoconservaci?n. Anterior al deseo de reconocimiento, correspondiente al tiempo ed?pico se hab?a desarrollado el deseo de recibir -un don-. Tres afectos derivan de aquel deseo, despersonalizaci?n, desrealizaci?n, extra?amiento, Freud las unific? como enajenaciones. Se observan como la sensaci?n de que algo de la realidad -desrealizaci?n- o del propio Yo -despersonalizaci?n- nos aparece ajeno. Sirven para la defensa cuando el Yo quiere desmentir y mantener alejado algo. En el extra?amiento se desconoce un sector del propio cuerpo como propio.
Trataremos de examinar con un poco m?s de detalle la desrealizaci?n. Frente a un sentimiento de culpa que sufre el Yo, aquel se siente amenazado desde el Supery? con el desamor y la desatribuci?n. Como defensa y cuando tiene una vivencia placentera, el Yo apela a la desmentida del juicio de existencia. En la despersonalizaci?n el juicio de amor o de odio recae s?lo sobre el Yo, y en ambos coinciden el juicio de atribuci?n y de existencia porque solo es aceptado lo bueno y lo ?til.
El extra?amiento implica desconocer un sector del cuerpo o de los pensamientos, que se manten?a reprimido por consider?rselo amenazante y omnipotente. El mismo irrumpe como s?ntoma en afectos como el asco y la verguenza. Un sector del Yo expulsa a otro por mandato de un juicio proveniente del Supery?, pero a la vez intenta retenerlo mediante la identificaci?n apoy?ndose en la pulsi?n anal. En el asco, un deseo coprof?lico oral se convierte en displaciente porque se estableci? una articulaci?n entre pulsi?n oral y anal acompa?ado de un juicio desatributivo del Supery? al Yo. El juicio de desatribuci?n deviene del autorrechazo de las heces antes tan valoradas y ahora cambiadas de signo.
Pero ?porque el autorrechazo a las heces? Quiz? por el juicio de la finitud del padre que es traum?tico para el Yo y trata de ser paliado con la incorporaci?n de su carne para darle vida. Tambi?n como sustituto de un deseo incestuoso reprimido, y por fin como necesidad de castigo siguiendo el destino paterno por los deseos agresivosprevios hacia ?l, para ocupar su lugar.
Muertos y excrementos se equiparan porque ambos constituyen los primeros objetos er?genos que dan placer y luego se pierden.
Disgusto vincula un afecto, el dolor -sinsabor- con el deseo displacentero de alimentarse de despojos. Malgusto, es un ensamblamiento de amargura y fealdad que deviene de los afectos provocados por impresiones del o?do y de la vista, anudadas al gusto. En la latencia el desagrado est?tico y el dolor ps?quico acompa?ados de angustia, emergen ante la percepci?n de los genitales femeninos. En ?sta ?poca la verg?enza tiene su origen en una burla del Supery? al Yo por los deseos autoer?ticos realizados secretamente y por los precoces conocimientos sexuales.
Dos deseos fundamentan la verg?enza, el cognitivo y el masturbatorio. El primero es una transformaci?n del deseo de ver al de ser visto. Con el surgimiento de la pasividad se adjudica un deseo hostil al observador. Este deseo hostil es proyectivo ante el registro envidioso de la diferencia del tama?o del pene del ni?o con el de su padre, y de la forma en la ni?a.
En la relaci?n del Yo con el ideal, la desvalorizaci?n o denigraci?n es un desarrollo de afecto displacentero originado en el amor e idealizaci?n de las heces por el ni?o. ?ste busca identificarse con los excrementos para ser amado por su madre como el ama a sus cacas. Luego con el cambio de signo de ?stas, la identificaci?n se vuelve displacentera y se traduce en desvalorizaci?n. En la fase f?lica, la comparaci?n no es de la caca sino del pene del ni?o ante su padre o del cl?toris de la ni?a ante el pene de
otro ni?o. Este desarrollo proyectado en la falta de futuro de un deseo constituye la desesperanza. La satisfacci?n narcisista por haber cumplido con un deber renunciando a un deseo o una tentaci?n, ser virtuoso a?n a costa de un formaci?n reactiva ante la pulsi?n, desarrolla el afecto de orgullo, expresi?n de la relaci?n Yo -Supery?. Si como consecuencia del esfuerzo se despliega un sentimiento de omnipotencia en el Yo, el afecto placentero es la euforia, donde la relaci?n es entre Yo con el ideal. La frustraci?n de un deseo ambicioso, tributario del erotismo f?lico uretral, genera el pesimismo tambi?n resultado de la relaci?n Yo-Supery?. En la latencia, la renuncia al amor incestuoso y al autoerotismo por amor al padre deviene en resignaci?n. El Yo debe renunciar al amor y aceptar un fin inevitable que impone la vida. Impulsado por el sentimiento de culpa que lleva a la identificaci?n con el rival ca?do, la transformaci?n del deseo agresivo deviene en piedad. La transformaci?n se produce porque el Yo que triunfa prevee su destino en el adversario derrotado. Piedad y resignaci?n son afectos, que mitigados, permanecen duraderos en el tiempo. La desestimaci?n de un deseo s?dico por el Supery? permite mantener un v?nculo de amor con el objeto. Apoyado en el inter?s por el mismo -pulsi?n de autoconservaci?n- deriva en la ternura, que tambi?n tiene constancia temporal.
Sopor y somnolencia, se coimplican a procesos de admisi?n y rechazo identificatorio, junto con la tendencia a satisfacer la necesidad de castigo por los deseos hostiles hacia el objeto amado. Todo en el marco de la realidad que impone un trabajo de duelo.
En el humor, el Supery? adquiere un car?cter protector del Yo y lo acompa?a en condiciones dif?ciles, sustituyendo al dolor y la resignaci?n. Lo c?mico implica un desarrollo de afecto resultado de representar en r?pida sucesi?n o simult?neamente dos formas de representaci?n que se comparan. Como consecuencia se produce un ahorro del gasto energ?tico. Las diferencias sobrevienen entre lo que se espera y lo que aparece, lo propio y lo ajeno y afectan al narcisismo. El contraste se da entre el ideal que el otro Yo tiene y al que pretende llegar m?s el resultado de tal esfuerzo. En el chiste, el desarrollo de afecto placentero se relaciona con la trasgresi?n de los procesos ret?ricos del preconciente que permiten la aparici?n de los procesos inconcientes. La descarga corresponde a la risa, que es suceptible de inhibici?n.
Finalmente, recordemos que Freud, diferenciaba angustia real ante un peligro exterior de la angustia neur?tica ante un peligro pulsional. Siguiendo ?sta l?nea puede distinguirse c?lera realista de neur?tica, dolor real -en el duelo- y dolor neur?tico sin p?rdida objetal, y en otros desarrollos de


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