Teor?a de los afectos

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dolor, dolor ps?quico. El primero se entiende en t?rminos cuantitativos. Magnitudes desbordantes invaden el aparato ps?quico que se ve impedido de registrar las cualidades del objeto. El grito es el primer modo de descarga capaz de producir una modificaci?n end?gena. Permite un registro cualitativo -porque reconoce el objeto generador de dolor como hostil- y autoriza que la descarga pase a ser controlada por el principio de constancia en vez del de inercia, preparando el camino a la vivencia de dolor. El dolor es anterior a la proyecci?n expulsiva y previamente se genera una investidura narcisista elevada del lugar doliente del cuerpo. La libido narcisista se desprende en un esfuerzo por realizar una contrainvestidura, que se da autom?ticamente y conduce a un empobrecimiento pulsional global. Freud sustituye el concepto de «descarga interna» por el de «hemorragia interna» que alude a un estado de pasividad, y de inermidad del yo real primitivo.

La energ?a de reserva que se pierde, es energ?a del yo destinada a la realizaci?n de acciones espec?ficas. Las perturbaciones en las pulsiones de autoconservaci?n derivan de una tentativa de defensa ante una herida narcisista. Merced a la hemorragia de autoconservaci?n, la capacidad desintoxicante y tr?fica va siendo desgastada por el dolor. Freud dice que en la infancia son caracter?sticos el desvalimiento motor y ps?quico. Ante la situaci?n traum?tica, frente a la cual uno est? desvalido, conciden el peligro externo y el interno. Ac? se liga desvalimiento con situaci?n traum?tica, sea que el yo vivencie en un caso un dolor que no cesa, o en otro una ?stasis de necesidad que no puede hallar satisfacci?n. La situaci?n econ?mica es, en ambos, la misma. El desvalimiento motor encuentra su expresi?n en el desvalimiento ps?quico. El dolor ps?quico requiere de un investidura de nostalgia previa, de un objeto no coincidente con el registro perceptual. Esta falta se convierte en una herida por la que se pierde libido narcisista, lo cual genera recogimiento ps?quico. Esto permite diferenciar dolor de angustia. En la angustia hay una modificaci?n som?tica acompa?ada o no de alteraci?n vasomotora, presencia o no de descarga que no se da en el dolor, y por fin, en ?ste una hipertrofia de la intensidad de la investidura representacional. La vivencia de dolor, requiere que la tensi?n sea soportable y no anule la conciencia, y su constituci?n puede que sea contempor?nea a la del yo real primitivo. La vivencia de dolor genera una sobreinvestidura libidinal del ?rgano y con ello su inscripci?n con la representaci?n espacial correlativa.

El enlace entre angustia y dolor ps?quico constituye la desesperaci?n, que se da previamente en el soma de la siguiente manera: acumulaci?n tensional, ruptura de equilibrio narcisista, angustia con dolor ps?quico como afecto displacentero para equilibrar la tensi?n. Este displacer que acompa?a al intento de lograr una alteraci?n end?gena, se encuentra en el molde de la angustia.

La c?lera, tambien nominada como ira o furia tiene su molde en las tentativas de descarga ante una tensi?n del orden del hambre o la sed, que proviene de ciertos ?rganos y que son percibidos como hostiles. La tentativa es fallida si no se acompa?ada de la acci?n espec?fica. Ante el fracaso de la defensa, sobreviene la descarga -in?til- mediante la musculatura voluntaria. La c?lera es un esfuerzo de liberarse de un est?mulo pulsional mediante la proyecci?n. De manera especular, otro afecto displaciente como el asco, intenta mediante la incorporaci?n, la eliminaci?n de un est?mulo sentido como nocivo y que proviene del exterior.

El afecto placentero de la vivencia de satisfacci?n, es posterior a la alteraci?n end?gena generadora de displacer que deviene por la alteraci?n interna. Esta vivencia es el molde de afectos como goce, felicidad, dicha, j?bilo, alegr?a, bienestar, orgullo, humor y el espectro de lo c?mico. El afecto placentero, es un cambio particular de cantidad en cualidad, que, desinvestidura mediante, no procura nuevas exigencias al aparato ps?quico. El placer se debe al reencuentro sensorial con el objeto, tal como en la vivencia de satisfacci?n, y al ritmo estimulante de la sensorialidad y la motricidad que replica las variaciones tensionales end?genas de ?rganos como el coraz?n, los pulmones y el est?mago. Estos primeros ritmos, que implican desinvestidura de libido narcisista, son placenteros a pesar de que no implican el encuentro con objetos satisfacientes. Sin embargo puede conjeturarse que los mencionados ?rganos no son solamente fuente sino tambi?n objetos producidos por la desinvestidura y reinvestidura posterior. En el placer hay entonces: un placer por la descarga, surgimiento de una percepci?n, recepci?n de la investidura narcisista con su registro cualitativo construy?ndose as? el primer ritmo. La transformaci?n de estos moldes primigenios en desarrollos de afectos y la reproducci?n de los mismos, requiere como condici?n la conformaci?n de representaciones -de los ?rganos y de la periferia interior- y as? la aparici?n de los deseos y anhelos. Estas representaciones exigen para su inscripci?n del matiz afectivo.

-Relaci?n entre los desarrollos de afecto y la constituci?n del aparato mental.

Afecto, el comienzo del autoerotismo y el Yo real primitivo.

Antes de la constituci?n del yo real primitivo, el placer se asocia a la disminuci?n de tensi?n debido a la fuga o a la satisfacci?n apoyada por un asistente. Cuando no se puede aliviar la tensi?n end?gena se da el dolor; la angustia autom?tica cuando se exige una redistribuci?n de las pulsiones de autoconservaci?n; los ataques de furia que son puestos en marcha por mecanismos expulsivos de naturaleza refleja; bienestar cuando hay satisfacci?n som?tica. Algunas palabras acerca del Yo real primitivo. Su conformaci?n responde a una secuencia de momentos. Primero la tendencia a la eliminaci?n refleja de los est?mulos. Luego ?sta es sustituida por la fuga. Cuando ?sta fracasa quedan investidos los est?mulos end?genos pulsionales.

Al ligarse varias investiduras de los ?rganos surge una primera estructura, el Yo real primitivo, que intenta aligerar la tensi?n por modificaci?n interna en vez de la acci?n espec?fica. Los afectos apoyados en las pulsiones de autoconservaci?n devienen de vicisitudes econ?micas. Con el surgimiento del yo real primitivo aparece la discriminaci?n entre los est?mulo externos e internos y el principio de inercia inicial se va reemplazando por el de constancia mediante la acci?n espec?fica.

En estos momentos, cuando las pulsiones sexuales y de autoconservaci?n no son satisfechas pueden alterar la retracci?n necesaria para el dormir. Surge otro afecto diferente, el sopor o somnolencia que es un producto de la acumulaci?n t?xica de los deyectos metab?licos. Acumulaci?n debida a la falencia de la actividad placenteria materna en la primera etapa de simbiosis. Al surgir las zonas er?genas, aquellas vivencias se complejizan con el placer devenido del autoerotismo que requiere de la motricidad voluntaria -movimiento de la lengua y los labios-.

Otros desarrollos de afecto de estos momentos iniciales son el p?nico, terror, frenes? de c?lera y de goce.

El p?nico, en un aparato ps?quico que se encuentra en sus albores, implica la p?rdida de aquel que sostiene la articulaci?n de las zonas er?genas. Ante el incremento tensional sobreviene la desorganizaci?n ps?quica.

El terror implica una situaci?n de crisis con par?lisis, que surge cuando la estimulaci?n autoer?tica no es satisfaciente de una zona er?gena.

El frenes? de c?lera se relaciona con que la necesidad creciente, exige la salida del autoerotismo y la satisfacci?n por parte del objeto. La desorganizaci?n del autoerotismo surge cuando un deseo hostil no puede ser llevado a cabo. Esto puede deberse a la ausencia del objeto hostil o bien a que ?ste, investido con la pulsi?n de autoconservaci?n, no es satisfaciente. En consecuencia la investidura sexual frustrada, genera la furia que lleva del pricipio de placer al de constancia a al de inercia.

?Que sucede con el frenes? de goce en el autoerotismo? La autonom?a de cada zona er?gena impide la satisfacci?n sucesiva o simult?nea. Es imposible porque ninguna zona es dominante sobre la otra. La excepci?n se dar?a en el caso de una satisfacci?n de la necesidad al mamar, porque ninguna necesidad es superior a las otras -como defecar u orinar-.

Afecto y el Yo-placer.

?En que consiste el placer? Es una cualificaci?n de la cantidad producida por el ritmo, esto es por la serie de incrementos y descensos de magnitudes de investidura en la unidad de tiempo. Esta unidad puede considerarse como el ciclo que va desde la investidura, hasta la resoluci?n de la misma. La resoluci?n se da, cuando hace su encuentro con alg?n est?mulo que altere la fuente pulsional ligada a la necesidad derivadas de la autoconservaci?n. En un momento posterior, con la apertura de las zonas er?genas, los erotismos adquieren sus propios ritmos que son diferentes a los de la necesidad.

Los est?mulos externos son placenteros cuando repiten las variaciones internas, lo cual es t?pico del autoerotismo en el cual hacen su encuentro sensaci?n, percepci?n, motricidad y desarrollo de afecto. La investidura de la zona er?gena conlleva la articulaci?n de las cualidades externas e internas, que se acompa?an de vivencias de satisfacci?n o de dolor y que deben mantenerse en un cierto equilibrio. Este ?ltimo brinda la posibilidad de sostener la atenci?n y la descarga de placer mediante la motricidad y el registro perceptual. En el autoerotismo ocurre una sobreinvestidura de ?ste equilibrio, y en la zona er?gena hay registro de est?mulos perceptuales r?tmicos, que se articulan de manera concordante


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