Jos? Greco

21 min


diversi?n mucho m?s tiempo del que hoy en d?a tienen. Las metas de la gente, eran sencillas, los sitios a visitar, sol?an ser o estar todos a no m?s de unos diez kil?metros a la redonda. Las playas de ese mar Mediterr?neo eran en s? la mayor distracci?n, y los ni?os tal como los de hoy jugaban con pelotas que en aqu?l entonces eran de trapo.

Mis queridos y recordados abuelos ten?an una pronunciaci?n propia del lugar, una especie de dialecto, el que empleaban para que nosotros los ni?os no supi?ramos de qu? estaban hablando. Y su figura era respetada por todos los que de un modo u otro eran m?s j?venes que ellos, se estilaba saludar, quit?ndose el sombrero, art?culo que fuera de las horas de trabajo, y durante las tardes y noches, por lo tan expuesto, era casi un s?mbolo de buen vestir.

La vida era tranquila, en el patio de la mayor?a de las casas se cosechaban hortalizas, pimientos, pimentones y otras tantas cosas; por aquellos d?as, no hab?a robos, no se conoc?a o al menos no se hac?an p?blicos los homicidios, cualquier visitante, era recibido con afecto y se le ofrec?a una copa de vino casero, una galleta y hasta un pedazo de la torta o bizcochuelo familiar.

Fue un tiempo en que despert? el sue?o americano, los viejos hac?an hasta lo imposible por motivar a sus hijos a que fueran a la Am?rica, sin dar mayor importancia a cu?l de ellas se lograsen ir. Los que viv?an en pueblos se sent?an como sumidos en una paz sin mucha evoluci?n. Era un sentir sin grandes aspiraciones. Y s?lo con la llegada, con el retorno de alguno que otro de la Am?rica es que se pod?a ver la gran diferencia, pues estos presumiendo de sus logros, dejaban correr su dinero como si fuesen chorros ilimitados, y con la ayuda de sus propios familiares, este trabajo en el eco que generaban se incrementaba y duplicaba en las mentes de la gente, so?ar con oro, ahora a los tranquilos pobladores de mi peque?o pueblo y de otras latitudes, les era f?cil.

Mis padres Giovanny Greco y Nunciata, dieron continuidad al negocio de familia, se presentaron a?os sumamente duros, no hay que olvidar que si la primera guerra fue traum?tica la segunda dej? a toda Europa en la m?s cruel ruina, millones de seres que pagaron con el tributo de sus vidas, la enajenaci?n de pol?ticos y l?deres que no merecen el honor de ser nombrados. La falta de vialidad, como la misma intranquilidad, hac?a hervir a j?venes corazones, que abr?an sus capullos no s?lo al sol, ten?an sus miradas fijas a puntos m?s lejanos.

Con la entrada de los alemanes como les dije nuestra casa fue tomada por los nazis, para ellos era un punto central de control, mientras nos hab?amos mudado a otra casa cercan que nos fue suministrada por el mismo gobierno. En lo personal debo decir que tuve mucho que ver de los nazis, me llamaba la atenci?n sus uniformes, siempre impecables, como si esa fuese su bandera, ellos com?an op?paramente, denotaban una fortaleza que tan s?ilo al final se vino a bajo. Su forma de hablar era la de seres superiores, envalentonados y aunque su trato conmigo como ni?o puedo decir que fue agradable, ya que recib? de ellos en repetidas oportunidades caramelos o chocolatines, cuando se vieron perdidos, la transformaci?n en sus rostros los dejaba ver de otro modo, ya se perdi? aquella prepotencia, ese supuesto poder, ese orgullo nacional, eran simples soldados haciendo algo en contra de sus deseos y cumpliendo con ?rdenes no muy deseadas.

El haber tenido esa experiencia le hizo a mi padre un poco de bien, pues y vale la pena aqu? acotar, de que mi padre poseedor de buen olfato comercial invirti? todo lo que ten?a y no, en su negocio en sus pieles y fue gracias a esto, que en corto tiempo luego de acabada la guerra, se vio con producto solicitado, y as? al venderlos, pudo realizar unos grandes beneficios que nos permitieron comprar la casa m?s grande y hermosa del pueblo, era la m?s codiciada, misma que estaba en el mero centro de la ciudad, frente a la plaza, y donde desde los balcones pod?amos ver y saber de casi todo, como por ejemplo el movimiento de la gente, la que iba o ven?a, la que entraba o sal?a de la iglesia etc., menciono esto pues cuando fuimos invadidos por los nazis, con el arreglo que ten?an con Mussolini, los alemanes escogieron nuestra casa como punto central y mientras dur? la ocupaci?n, nos tuvimos que mudar a otra casa que ellos nos suplieron.

Al hablar de la familia, debo decirles que ?ramos cuatro hermanos: Giovanna, Salvatore, llamado cari?osamente Toto, Carmelo con dos a?os menos que ?l, y yo, Jose Greco con 20 a?os menos que mi hermana mayor y 16 menos que Carmelo, ?nico sobreviviente de toda la familia que por razones del destino, vino a morir a este lado del Oc?ano.

Es en este punto en que detengo por momentos mi relato y doy comienzo a una gran reflexi?n. Me remonto para ello a esos d?as y sin haberlos vivido, noto a mi padre lleno de un deseo de superaci?n, no tanto por ?l como si por su hijo mayor. ?l, sin escatimar una sola Lira, desde un comienzo hab?a puesto los ojos en su hijo mayor, en su primog?nito, por ?l apostaba todo su futuro y en especial el de sus descendientes. En la mente de mi padre se forj? una idea fija, quer?a que sus nietos tuviesen o pudieran formar parte de otro estrato social. Para ?l era muy importante cumplir ese sue?o. Y el ?xito en su negocio luego de la guerra, le permit?a darse ciertos lujos, como el del cambio de casa y el m?s importante, enviar a mi hermano a la ciudad de Bologna para que estudiara en la Universidad, en la m?s antigua y prestigiosa de toda Italia.

Pero volviendo a mi ni?ez, vienen muchos y muy gratos recuerdos, pues tuve la suerte de tener tres hermanos que por la misma diferencia de edad para conmigo, me los hac?a ver como padres. Ellos, todos eran mis protectores, mis mentores y maestros. De ellos y con ellos aprend? la mayor?a de lo que s?. Quiero hacer menci?n que aunque los alemanes tomaron nuestra casa, no los sentimos como un robo o algo por el estilo, sab?amos que era un pacto que exist?a entre Italia y Alemania, est?bamos en guerra y por desconocimiento o por lo que otros con m?s conocimiento de causa puedan nombrar, para nosotros era algo normal, inclusive puede dar testimonio de que en lo particular, conmigo ellos se portaban bien, los trataba como se trataba a los mayores en aquella ?poca y de lo que hac?an o dec?an ellos, yo, estaba completamente ajeno.

Los d?as transcurr?an tranquilos, nuestro aeropuerto, me refiero al de Comiso, de a poco pas? a ser importante, por d?as se notaba el incremento de los vuelos, y ya era un pasatiempo, ver como sal?an o aterrizaban los aviones, los uniformes que vi, durante esos a?os eran dignos de recordar, pues los alemanes y hasta nuestros mismos oficiales, demostraban gran glamur y al dejarse ver en las calles, ellos se mostraban cual si fuesen a desfilar, de punta en blanco como dijera mi mam?, que Dios la tenga en su Santa Gloria. De esta ?poca uno puede decir que vivimos el crecimiento y luego la ca?da del r?gimen, pues tambi?n recuerdo luego de la guerra, que en mi casa d?bamos comida a las? gallinas poniendo el alimento en los cascos de los alemanes. Los emple?bamos como platos para animales, para eso y para colocarles una cantidad de agua. Ver hoy esto, es como darse cuenta de la ca?da de aquel poderoso imperio que se vino a bajo de un modo inimaginable.

Les he hablado algunas cosas de mis padres, ahora me referir? a mi hermana quien era la mayor de todos, Giovanna era una mujer chapada a la antigua, con un padre f?rreo en tratos y costumbres, aunque a ella, se le conoc?a un enamorado por m?s de ocho a?os, mi padre no lo aceptaba, hay que ver y entender que en ese entonces en una Sicilia conocida por el car?cter fuerte de los hombres y su estilo de mando, ninguna mujer por atrevida que fuese, qued?ndose a vivir en el mismo pueblo osar?a casarse sin el consentimiento del padre. Y esto fue lo que le ocurri? a mi pobre y abnegada hermana. Ella se ve?a con su enamorado por varios a?os, era una relaci?n como de t?rtolos, pero carente de cualquier futuro.

Carmelo era el hombre que mi padre hac?a trabajar hasta el cansancio, de alg?n modo, y sin que todav?a pueda yo saber el por qu?, ?l hab?a sido escogido como el pe?n, pues todo trabajo duro le era encomendado y creo que mi padre, no sent?a por ?l alg?n tipo de l?stima, este era el hijo escogido por mi padre para seguir su trabajo; el de mi hermana el de encargarse de las cosas del hogar,? ayudando a mi madre y en lo concerniente a m?, deb?a estudiar, hacer lo mimo que Toto.

Carmelo aprendi? a ser hombre antes de lo normal, y dentro de esto, como el mismo t?tulo dice, se ocup? de conocer, tratar y estar con cuanta prostituta hubiere en nuestro pueblo, le encantaba luego del trabajo quemar su rabia con ellas y tambi?n en el alcohol. Pero puedo decir en su defensa que jam?s contest? o le neg? alguna orden a mi padre, aunque en lo f?sico era superior, su mentalidad de buen hijo no se lo hubiera consentido. Era la vida a la que est?bamos acostumbrados en la Italia de posguerra. Era la manera l?gica de vivir, tal y como la gran mayor?a hac?a.

Como les dije Salvatore, (Toto) quien era dieciocho a?os mayor que yo, viv?a en Bologna, y en mi casa se sent?a el orgullo con cada carta que recib?amos de ?l, cada letra, cada mensaje era le?do por mi padre con, hasta se podr?a decir, algo m?s que admiraci?n, hab?a un respeto. Me adelanto en el tiempo y llego al momento m?s feliz de mi hogar, la fecha en que todos salimos a Bologna a la graduaci?n de mi hermano, se logr? graduar con honores como Ingeniero Qu?mico. Pareciera ?bamos a una boda, todo fue calculado, todos and?bamos de estreno, mi padre no iba a permitir que otros j?venes dudaran de la calidad de la familia Greco, el nombre estaba en juego, al menos eso se barajaba en su mente.

Eran a?os duros, recuerdo que para estudiar, los muchachos sal?amos a la calle y


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