conocidos, que mostraban desde ya su inteligencia y daban la impresi?n de ser gu?as protectores del viaje. En el cielo cientos de aves volaban lentos, bajando y subiendo como si quisieran borrarlo meticulosamente con sus alas, ambas im?genes desconcertaban un poco y romp?a violentamente cualquier concentraci?n, el miedo no estaba solo, se presentaba acompa?ado de innumerables situaciones desconocidas e inimaginadas. En el contexto de lo que estamos viendo, debemos regresar a nuestras protagonistas, las mujeres, esas
mismas a las que ya se notaba iban perdiendo esperanzas y con ello entreg?ndose a los brazos de la suerte o mismo de un destino injustificado. Hablamos de ellas y dejamos por un momento y sin querer de hablar de aquellas otras, que no por no imaginarlas, dejaron de sentirse mal, por estar mareadas, a un nivel que pasaron d?as y semanas con un mareo que pareciera invadir sus entra?as como queriendo saltar al mar abierto. De hecho, m?s de una y no podemos ni queremos decir cu?ntas, lo hicieron, se demostraba con esa acci?n que ellas, no podr?an soportar todo lo que se avecinaba; de ellas, no quedaron registros que permitan certificar su cuant?a. Mientras esto que no podemos ocultar suced?a, entre el ir y venir, de las mujeres, como mencionamos, fueron arm?ndose nuevos lazos en muchas de ellas y lo que no era normal ver en tierra, ahora se pod?a considerar como algo usual, unas buscaban en otras motivos y causas para generar o mismo dar comienzo a una amistad. Se daban cuenta que de la uni?n vendr?a la fuerza y que con un idioma com?n, el de la amistad, podr?a ser construida una fuerza defensora para todas. A la pregunta inicial hecha a uno de los marineros, de que hacia d?nde iban, cual era la ruta, o mejor a?n cu?l ser?a el destino, at?nitos, pudimos escuchar: hasta el fin del mundo. Y en efecto, aunque no lo sab?an a conciencia, Am?rica estaba al otro lado del mundo. Al rato ellas daban la impresi?n de que la respuesta les parec?a razonablemente sensata, m?s con todo y ello, no se quedaron quietas, ante una duda no desvanecida, otra pregunta capciosa y sazonada por el temor. ?C?mo es el fin del mundo? Con gran parquedad sentimos una respuesta et?rea: invisible. Algunas mujeres trataron de imaginarlo, al no poder verlo, supusieron lo l?gico, que por su mismo estado invisible, ser?a imposible de adivinar.
Por eso ya no era de extra?ar el ver a las mujeres enfrascadas en conversaciones
insulsas, pero que tendr?an algo de especial pues ellas, las comenzaban apenas con la salida del sol, cuando en cubierta se escuchaban los pasos de marineros que nada hac?an o que perd?an el tiempo viendo hacia el horizonte con la mirada llena de esperanza pero sin estar claros de sus deseos o intenciones. Y de igual manera que en los relatos de las mil y una noche, las mujeres lograban hacer entre ellas lo mismo que ocurre hoy con la Internet, pues de una a otra se pasaban los cuentos, las historias, hasta las mismas recetas de familia y algunas veces se escuchaban intimidades que hac?an ver un cuadro de humildad y humanidad entre ellas, que hasta hac?a muy poco a?n eran de alguna manera y por as? decirlo, enemigas o simples competidoras del amor de un hombre y hasta de una simple se?al de afecto. En general la preocupaci?n era casi siempre la misma, qu? estar?a pasando con su familia, sus hermanos, sus padres. Ahora se daban cuenta, hab?an cometido el error repetitivo de que el dinero o el poder no lo es todo en la vida, se sent?an culpables de no haber sido m?s respetuosas de la familia, y es que desde el momento en que entraron a palacio, esos lazos hab?an sido cortados de ra?z, el sentirse reinas las hab?a elevado a unos niveles de los cuales ahora ya siendo tarde, quisieran no haber llegado.
Hasta el d?a de hoy, hemos venido escuchando y durante siglos se ha venido
diciendo que fueron los fenicios los primeros que llegaron a Am?rica, y se puede decir, por lo que sabemos, que es verdad, pues gracias a que ellos pose?an el domino de los mares y la experiencia suficiente como para atravesar oc?anos, fueron escogidos y guiados con la bendici?n de Salom?n quien adem?s brind? su aporte en la construcci?n de este barco. Podr?amos decir que ?sta fue la primera vez en que ambas cosas unidas lograron el objetivo. No queremos con este libro, bajo ning?n concepto quitarle a ellos, el privilegio que fue el logro
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