Jos? Greco

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Jos? Greco

Jos? Greco

Una historia de familia, una vida, un mundo de problemas

Era un d?a como cualquier otro, la ma?ana presagiaba un d?a de lluvia en la ciudad de Valencia, la amenaza latente no daba indicios de que se cumpliera; as? es el tr?pico, as? ocurr?a ese d?a, hasta que son? el tel?fono.

Me encontraba en una reuni?n de suma importancia en la empresa en la cual prestaba mis servicios y aunque le hab?a dado instrucciones a mi secretaria para que no nos interrumpieran, ella, luego de tocar, sin esperar respuesta alguna,? abri? la puerta y me dijo: -se?or Jos?, tiene una llamada telef?nica- le dije que la contestar?a luego, ella, insisti?, es urgente, es sumamente urgente. Mir? a mis compa?eros de trabajo, no hubo necesidad alguna de hacer comentarios, todos entend?an la premura y denotaban su entendimiento. Sal? de la reuni?n y atend? la llamada, del otro lado de la l?nea, pude escuchar: -Hola Jos?, te he estado buscando, tu hermano Salvatore muri? hace un par de d?as, lo siento-

Reconoc?a en su voz a la persona que me hablaba, mas, eran muchas noticias para ser digeridas de una sola vez, no lograba salir del asombro, un vac?o mental me cubri? y por segundos mi mente repas? de una manera veloz lo que hab?a sido nuestra vida.

Aquellas, fueron las lapidarias palabras que daban fin a una historia de la cual pasado a?n tanto tiempo, no logro comprender.

Hice preguntas, lo ?nico que obtuve como respuesta fue que a mi hermano a mi querido Toto, lo hab?an encontrado muerto en la habitaci?n de la pensi?n en que viv?a, su cuerpo ya daba s?ntomas de descomposici?n y en cuanto dieron aviso, llegaron los cuerpos policiales y tras ellos, de inmediato el cuerpo de Bomberos se lo hab?a llevado la Morgue de Valencia. Por su estado, lo enterraron a las primeras de cambio.

Sin dar tiempo siquiera a una reacci?n, sin informar ni medir, me dirig? a la Morgue. Mi mente daba vueltas, se enfrentaban tantos recuerdos, no los pod?a creer. As? llegu? sin dilaci?n; comenc? a hacer preguntas, no hubo respuestas, pareciera ser que me hab?a convertido en un ser invisible, los que all? se encontraban, no me entend?an,? o no quer?an entenderme.

Angustiosos momentos que demostraban el temple que mi padre hab?a forjado en m?. Luego, cuando mis l?grimas brotaron por primera vez, como si hubiesen generado l?stima, una doctora se me acerc?, portaba una carpeta, tom? con cuidado nota de los datos que le suministr? y luego de una breve consulta, retorn? mostrando en su rostro cierta tristeza, se dejaba ver afligida; me hizo saber que a mi hermano lo hab?an enterrado ya en una fosa com?n en el Cementerio de la ciudad de Valencia.

La angustia comenz? a hacer estragos en mi cuerpo, me sent? violado, vejado, furioso, el hombre que m?s admir? en mi vida hab?a sido enterrado como un pordiosero sin que alguno de sus seres queridos lo acompa?aran, dijeran algunas palabras o al menos le ofrendaran alg?n rezo.

A ese punto y en esos momentos, nadie vino a darme luz, no sab?a qu? hacer. La vida no nos prepara para ciertas cosas. Pero al hablar de cad?veres y de muertos, se me vino a la mente la posibilidad de una soluci?n, me dirig?a a una funeraria y luego? de aceptar y pagar cierta cantidad de dinero, ellos cubrieron los requisitos necesarios y en un par de d?as se me permiti? como testigo para reconocer el cad?ver de mi hermano. Aquellos son recuerdos t?tricos que durante innumerables noches no me dejaban dormir y que de vez en cuando se hacen presente.

Llegamos al cementerio, fue un viaje a lo desconocido, una ruta en la que no hubo palabras, el mutis fue general, y por ello not? con mucha fuerza, lo del silencio sepulcral, cuyo significado contiene algo m?s que una simple frase. La funeraria recomend? que fu?ramos muy temprano en la ma?ana tanto como para no tener que encontrarnos con la gente, con curiosos que vendr?an a estropear a?n m?s lo por hacer. Y as?, con los primeros rayos de sol, me vi parado frente a un espacio de terreno que quedaba en la parte final del cementerio, y al mirar a uno de los obreros de la funeraria, ?l como que entendi? mi pregunta y me hizo saber que ?se era en s? donde estaba lo que llamaban: fosa com?n; un par de hombres con pico y pala remov?an los escombros, luego de un rato y de saber que uno puede tener un vac?o total en su mente, pues nada pensaba, nada ve?a, era algo as? como estar muerto en vida, hasta que alguien me trajo a la realidad, dio un grito, diciendo ?lo tenemos- ac? est? el hombre, ac? est? su hermano.- los despojos de lo que vi, me dejaban claro que no era, ?se no era mi hermano, ellos insist?an, me trataban de convencer de que luego de unos d?as el cuerpo genera ciertos cambios, repet?an, que ?se era. Lo quer?an sacar para dar por concluido el asunto, y no les fue posible por la molestia que mostr?, les dije que hab?a venido a recuperar el cad?ver de mi hermano, y ?se y s?lo ?se, ser?a el que ellos llevar?an y enterrar?an con todas las de la ley. Vi?ndome de la manera en que me puse, no les qued? m?s remedio que seguir escarbando y as? descubrieron a uno, a otro, varios cuerpos, llegado a ese extremo y lleno de una amargura indescriptible, me tent? la posibilidad de renunciar a esta horrible empresa, hasta que al fin en el pr?ximo cuerpo cuando lo vi, lo reconoc?. Era ?l, o mejor dicho lo que quedaba de ?l. Aquella hab?a sido una experiencia ?nica, no est?bamos preparados, la gente de la funeraria tampoco y cubriendo su cuerpo con peri?dicos viejos, lo transportamos? a la funeraria para de este modo hacer lo que se deb?a haber hecho. Darle una cristiana sepultura al lado de la tumba de mis padres y de mi inolvidable hermana Giovanna.

C?mo llegamos a esto, qu? le ocurri? a mi familia, por qu? al final de los d?as, ellos, hab?an terminado en un lugar tan lejano al que nos vio nacer. Esto en conjunto forma parte de la historia de mi vida familiar.

Creo que para dejarme entender, debo regresar en el tiempo. Primero a mi amada e inolvidable Italia, luego al pueblo querido Comiso, el que se encuentra ubicado en la provincia de Rabusa en la c?lida y hermosa Sicilia. Es all? exactamente donde daremos comienzo a mi relato que no es m?s que una parte de la historia de mi familia.

Mis abuelos Salvatore Greco y mi abuela Puglisi? en la mitad del siglo XIX, negociaban con pieles. Este oficio les hac?a ver como una de las distintas clases sociales en que estaba por aquellos a?os dividida nuestra poblaci?n en los que se encontraban: campesinos, obreros, comerciantes, pol?ticos, profesionales y de manera predilecta el credo y su gente. Mis abuelos eran profesionales poseedores de un conocimiento amplio en cuanto a lo que ellos ejerc?an, los mismos hab?an a su vez sido transmitidos de sus padres y se ocuparon con todas la de la ley en que ?se oficio no se perdiera, llevaron a mi padre siempre de la mano hasta que a la larga los emul?.

La Italia de esa ?poca era un tanto cl?sica, natural; el modernismo no hab?a hecho estragos ni en las edificaciones ni en los habitantes. La gente del pueblo era toda conocida y cada vez que uno se encontraba con alguien mayor, en caso de generar dudas, la pregunta cl?sica era: y tu padre o tu abuelo qu? hacen o hac?an, eso era suficiente como para poder conocer el origen del joven. Uno trataba de emparentarse con gente del mismo medio, de la misma ideolog?a ni que pensar de la religi?n y en un ?ltimo caso y no menos importante de una misma clase social.

Cuando se trata de reconstruir una parte de la historia, no se puede hacer justicia sin ver en detalles el mismo entorno, las cosas que eran de alg?n modo normales, lo que llamamos la costumbre y visto que el mundo en este siglo que acabamos de pasar ha experimentado tantos cambios, vale la pena miremos algunos flashes del c?mo se viv?a en ese entonces.

Estaba reci?n finalizada la I Guerra Mundial, el mundo hab?a perdido en mucha de la gente no s?lo algunos miembros de las familias, como tambi?n, sus bienes, tranquilidad, el temperamento, su paz. La psiquis hab?a sido golpeada, aqu?l sentimiento de escases forzaba nuevos valores; la mirada era muy corta, ya uno pensaba como antes, en que se cre?a en la inmortalidad, en que la historia era algo que se pod?a leer y encontrar s?lo en los libros, ahora la realidad hab?a demostrado con su crudeza que superaba a lo conocido, que los combates cuerpo a cuerpo ya eran cosas del pasado y que la maquinaria b?lica que est?bamos viendo era apenas el abre boca de lo que vendr?a. Las bombas at?micas hab?an demostrado que el hombre quiz?s no era responsable de su propia creaci?n, pero de alg?n modo dejaba ver que si lo pod?a ser de su total destrucci?n. El miedo a la muerte ya no era algo exclusivo de la divina figura, o de la malvada orden diab?lica, cont?bamos con un tercer elemento que no se hab?a tomado en cuenta y que era capaz de ejercer dolor a unos niveles no imaginados.

Con todo y el avance t?cnico en guerras y en armamentos, hab?a escases en otros rubros, por la falta de aparatos electr?nicos, ya que a?n no se hab?an inventado, el mercado se sol?a hacer a diario; al no poseer medios de refrigeraci?n forzaba a la gente a tener alimentos frescos, o de mantener un espacio en el s?tano en el que se guardaban los productos cerrados al vacio.

Mucha de la gente en el pueblo y sus alrededores, se ocupaba de producir, para hacer de manera casera, la pasta, como las salsas de tomate, la que se guardaba por meses en botellas, otros ten?an comida que dejaban salar y secar, se ve?an las riostras de ajos, pimentones, vegetales, legumbres y otras verduras, era una manera familiar, de mostrar con orgullo lo que en su hogar hab?a de sobra. Las carreteras estaban llenas de manadas guiadas de animales, que en las ma?anas iban a alg?n sitio? a pastar, el medio de transporte era en mulas, burros y caballos, los j?venes pose?an para su


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