El Secreto De Mari Mar (Historia M?s Que Probable)
??????????? Reconoc? en seguida a aquella mujer madura y todav?a hermosa que sal?a de la tienda de moda unos metros m?s all?. Hab?an pasado… ?cu?ntos?, ?cuarenta a?os?, desde que la hab?a visto por ?ltima vez. Pero era ella. M?s mayor, con bastantes kilos de m?s que hab?an redondeado rotundamente el cuerpo magro y adolescente en que la hab?a dejado metida.
??????????? Era ella, con esa certeza indefinible que guardan los recuerdos. Sus formas hab?an cambiado, sin duda, pero aquel semblante inconfundible era el de Mari Mar. Tambi?n eran suyos aquellos ojos l?quidos de color esmeralda que hab?a evocado en sue?os tantas veces. Y las corvas de sus piernas, que hab?a a?orado con el lacerante dolor de quien nunca pudo acariciarlas.
??????????? Mari Mar Colindres. All?, en Madrid. A dos pasos de distancia. A punto de cruzarse conmigo como si fuese otro desconocido m?s de los muchos que recorren aquel tramo de comercios de alto nivel de la calle Serrano.
??????????? Dud? si decirle algo durante aquella largu?sima escena que suced?a al ritmo interminable de esas secuencias cinematogr?ficas rodadas a c?mara lenta. Al final, justo cuando se encontraba a mi altura, me decid? a interpelarla. La voz me sali? antinatural, m?s aflautada y vacilante que de costumbre:
??????????? ??Mari Mar…? ?Mari Mar Colindres?
??????????? La mujer se gir? entonces.
??????????? Evidentemente, era ella, la Mari Mar de aquellos dos veranos en Zarautz, cuando en un remoto pasado irrecuperable la localidad playera a?n se denominaba Zarauz, ajena a los avatares pol?ticos que suceder?an tras la muerte de Franco.
??????????? La mujer me mir? de hito en hito, con el rictus mudo e interrogante del desconocimiento, con la seriedad alarmada del desconcierto al verse abordada por un extra?o.
??????????? ?Lo siento… ?No recuerdas? Alberto, Alberto Castrillo. De la pandilla de Zarauz…
??????????? Ella frunci? el ce?o, como si bucease en alg?n lugar rec?ndito de la memoria, hasta que una sonrisa esplendorosa distendi? su cara:
??????????? ??Alberto! ?Cu?nto tiempo!
??????????? Y me estamp? dos sonoros besos, a la vez que una c?lida mano acariciaba mi espalda en un gesto de identificaci?n, de amistad, de nostalgia,… no s? bien de qu?.
??????????? ??Cuant?simo tiempo ha pasado! ?estaba repitiendo, con una expresi?n de genuina alegr?a?. ?Tienes un momento para tomar algo? As? charlamos un rato y hablamos de los viejos tiempos, porque hace siglos que no veo a nadie. ?Qu? sabes de Jon, de Toni, de Blanca…?
??????????? Jon. Por el primero que me hab?a preguntado era Jon y eso me doli?. Pero no dej? que nada permitiese que se trasluciera.
??????????? ?S?, qu? buena idea ?le contest??. Podemos sentarnos en aquella cafeter?a.
??????????? Las siguientes dos horas pasaron sin que nos di?semos cuenta. Los recuerdos se agolpaban, atropell?ndose unos a otros. El d?a en que Susana se cay? de la Mobilette y nos dio un susto de? muerte, aunque luego todo qued? en una simple rotura de pierna. Aquella verbena en que Macha y Toni se hicieron novios y dejaron de salir con la pandilla para pasarse el resto del verano haci?ndose arrumacos,… ?No hab?a pocos recuerdos de aquellos dos veranos irrepetibles!
??????????? Al tercer verano, toda la pandilla regres? a Zarauz, como siempre. Todos, menos Mari Mar. Nunca m?s volvimos a verla.
??????????? ?Bueno, ya sabes ?dijo, mir?ndome con tristeza a los ojos?, fue tras aquel mes en el internado del sur de Francia. Eres la ?nica persona a la que se lo cont?.
??????????? S?. Lo recordaba a la perfecci?n. Aquella confidencia me hab?a impresionado profundamente, casi hasta dejarme marcado. Con los pocos a?os de mi pubertad reci?n estrenada, jam?s hab?a o?do nada semejante. Y en aquella ?poca de puritanismo oficial y obligado, de una moral convencional y r?gida, yo ni siquiera sab?a que aquellas cosas pod?an suceder.
??????????? Pero Mari Mar ya estaba desviando la conversaci?n, pregunt?ndome por otras personas de nuestro grupo de entonces. En realidad, la nuestra no hab?a sido una pandilla estructurada, de gente fija y constante, como otros c?rculos reducidos de amigos, de pandas selectivas y excluyentes. La gente entraba y sal?a de nuestro grupo seg?n su conveniencia y de acuerdo con los vaivenes de aquellos primeros amores y desamores adolescentes. Al irme evocando sucesivamente los nombres del personal de entonces, muchos de los cuales hab?a olvidado, me entr? a m? tambi?n la comez?n de la nostalgia. ?Qu? habr?a sido de aquellas muchachas, de Elena, de Chittty, de Macha…? Lo curioso ?hasta ahora no me hab?a dado cuenta? es que las chicas de Madrid ten?an aquellos nombres extra?os que combinaban perfectamente con sus sonoros apellidos: Chitty Malo de Molina, Macha Ladr?n de Guevara, mientras que las vascas se llamaban entonces simplemente Elena, Blanca, Susana,… porque todav?a no hab?a comenzado la recuperaci?n de nombres aut?ctonos de ra?z euskald?n.
??????????? Mari Mar se re?a con mis reflexiones de soci?logo aficionado y barato, con una risa tan clara y juvenil como la que yo hab?a almacenado en mi recuerdo. Ella no era de San Sebasti?n ni de Madrid. Ella era de Barcelona y sus padres, los se?ores Colindres, veraneaban en la costa guipuzcoana por no s? qu? vinculaciones familiares. Nada m?s llegar a Zarauz, Mari Mar nos rob? el coraz?n a todos los chicos de la pandilla. Bueno, a casi todos. Porque Toni hac?a tiempo que andaba detr?s de Macha y no ten?a ojos para nadie m?s.
??????????? Yo hab?a buscado afanosa e infructuosamente el amor de Mari Mar. Compartimos en alguna ocasi?n, eso s?, las tortillas de patatas con las que se avituallaban nuestras excursiones al monte. Bailamos alguna vez en aquellas verbenas en que las chicas nos distanciaban con una h?bil maniobra de su mu?eca izquierda, tan s?lida como una adarga medieval, con la que manten?an a raya nuestra incipiente concupiscencia desbocada. Pero nada m?s.
??????????? Lo de Jon, en cambio, fue distinto. Un d?a en que todos fuimos con nuestras bicis siguiendo la ruta del Deva, pude verles d?ndose un beso. Hab?a sucedido mientras los dem?s est?bamos en una campa pr?xima, descansando. Ellos dos hab?an ido a hacer una «inspecci?n», dijeron, «a ver qu? encontramos por ah?». Unos celos que yo a?n no sab?a que exist?an me hicieron sospechar algo. As? que subrepticiamente? los segu?. Y pude ver el furtivo aunque consentido beso.
??????????? Aquello supuso una dolorosa revelaci?n: la prueba del nueve ?como se dec?a en nuestras clases de matem?ticas, en las que las operaciones aritm?ticas no se efectuaban con calculadora, como ahora? de que Mari Mar no ser?a nunca m?a y que, si acaso, su inter?s y su deseo estaban puestos en Jon, que para algo era el mayor de todos nosotros y estaba estudiando ingenier?a industrial en Bilbao.????????????? ?????????? ???
??????????? Aun as?, Mari Mar y yo continuamos siendo amigos y casi confidentes, si puede decirse as?. Jam?s me habl? de lo suyo con Jon, con quien desaparec?a de nuestro grupo de vez en cuando, pero en cambio me hablaba de much?simas otras cosas: de los libros que le?a, de su familia, de sus compa?eras en el colegio de las Ursulinas en Barcelona, de una tal Merc? Rovirosa, que era su mejor amiga…
??????????? Durante la segunda estancia de Mari Mar en Zarauz, en el que ninguno sospech?bamos que ser?a su ?ltimo veraneo con nosotros, sucedi? aquello que tanto me impactar?a y que cambi? a mi amiga para siempre.
??????????? Mari Mar lleg? en agosto. Todos sab?amos que el mes anterior hab?a estado en un internado religioso del sur de Francia para perfeccionar su magn?fico franc?s, que tanta envidia nos causaba. Pero hab?a vuelto rara. La chica siempre alegre y animosa del verano pasado se hab?a evaporado como por ensalmo. En su lugar segu?a una muchacha igual que ella por fuera pero con una p?tina de tristeza, de abatimiento hondo y desesperado, que emerg?a por el color esmeralda de sus ojos, enturbi?ndolos.
??????????? Todos nos hab?amos dado cuenta, pero nuestra amiga no soltaba prenda. Una tarde en que fui a buscarla a su casa, porque hac?a dos d?as que no la ve?amos, la encontr? llorando en el jard?n de la parte de atr?s de su chalet. Puse una mano en su hombro y s?lo entonces se percat? de mi presencia. Dando un respingo, me mir? a la cara con sus ojos empa?ados por las l?grimas y, con un acento desgarrado, vaci? su almario:
??????????? ??Oh, Alberto, Alberto, amigo m?o querido! ?Qu? mal lo estoy pasando!
??????????? Emocionado, al ver a mi primer amor en aquel estado tan lastimero, no supe qu? hacer para consolarla. Me limit? a abrazarla y a inquirir:
??????????? ??Por qu? no me cuentas lo que te pasa?
??????????? Y lo hizo. A borbotones, como si el fuelle de su alma estuviese agujereado y el aire del dolor entrase por todas partes, interrumpiendo su discurso con una serie de hipidos:
??????????? ?Horrible… Es horrible. No te haces idea de lo que ha pasado.
??????????? ?Vamos, vamos, no ser? tan grave ?dije con la est?lida e in?til actitud de los varones ante el llano femenino.
??????????? ?S?, lo es. Adem?s ya no tiene remedio.
??????????? ?Bueno, bueno. Cu?ntamelo.
??????????? ??Te acuerdas de mi amiga Merc? Rovirosa, de la que te he hablado algunas veces?
??????????? ?Claro que me acuerdo. ?Qu? le ha pasado?
??????????? Me lo cont?.
??????????? Resulta que ella tambi?n estaba en el mismo internado franc?s que Mari Mar. Para ?sta, tener una amiga de Barcelona, de su mismo colegio, y tan ?ntima como Merc?, era toda una alegr?a. Le hac?a no sentirse tan extra?a fuera de casa y de su ambiente, en un pa?s extranjero y con compa?eros nuevos que hasta entonces desconoc?a. As? que todo iba de perlas con Merc?. Y continu? yendo as? hasta


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