La Aspiraci?n Democratica Y El Ideal Republicano En Am?rica Latina

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resultan penosos a la vista. Y as? como no nos molestamos en la convivencia privada, tampoco transgredimos las leyes en los asuntos p?blicos, sobre todo por temor, con respecto a los cargos p?blicos de cada ocasi?n y a las leyes y, entre estas, particularmente, a las que est?n puestas en beneficio de las victimas de la injusticia y a las que, a?n no escritas, conllevan por sanci?n una verg?enza com?nmente admitida. (?)

Una misma persona puede ocuparse de los asuntos privados y, al tiempo, de los p?blicos, y los que est?n preferentemente dedicados a los negocios no por ello entienden deficientemente de pol?tica, pues somos los ?nicos que tomamos al que no participa en estas actividades por in?til, no por inactivo; nosotros mismos juzgamos los asuntos o nos hacemos una idea clara de ellos, y no creemos que las palabras perjudiquen la acci?n, sino que el perjuicio resulta m?s bien de no enterarse previamente mediante la palabra antes de ponerse a hacer lo que es preciso.?

Este texto, puede ser la base perfecta de adecuaci?n a la sociedad moderna. Describe una comunidad en la que todos los ciudadanos pueden e incluso deben, participar en la creaci?n y sustentaci?n de una vida com?n. Nos presenta una ciudadan?a activa en la vida pol?tica, inmersa en los asuntos p?blicos y absolutamente poseedora de la soberan?a.

Lo realmente trascendente del modelo griego es, sin duda alguna, la importancia de la participaci?n ciudadana. En la antigua Atenas, un ciudadano era alguien que participaba ?en la administraci?n de justicia y en el gobierno? . La ciudadan?a significaba la participaci?n en los asuntos p?blicos. Lo anteriormente expuesto sugiere que los antiguos griegos habr?an tenido problemas para encontrar ciudadanos en las democracias modernas. El limitado ?mbito de la participaci?n activa en la pol?tica contempor?nea ser?a considerado por aquellos como muy antidemocr?tico. Los griegos no conocieron representaci?n alguna (ni siquiera la d?bil representaci?n de la Rep?blica Romana): en Grecia la democracia era ciento por ciento popular.

El problema a afrontar por el mundo de hoy, ser?a el alcance del concepto de ciudadan?a, ya que el exclusivismo griego delimitaba este concepto a una clase social muy limitada en la que grandes masas de personas eran excluidas. El mundo moderno, sobre todo, despu?s de la reivindicaci?n del sufragio universal presenta un amplio (si bien pasivo) concepto de ciudadan?a. Para muchos analistas modernos este ser?a un gran inconveniente para el establecimiento del modelo griego ya que, seg?n ellos, el trabajo esclavo y el dom?stico femenino eran absolutamente necesarios para que la ciudadan?a estuviera holgada de cargas laborales y pudiesen dedicar tiempo a las actividades pol?ticas sin que esto afectara la vida econ?mica de la polis. Por otro lado, cabe preguntarnos hasta qu? punto es adaptable a las condiciones modernas una participaci?n tan absoluta.

Otro elemento a destacar en el fragmento citado es que formalmente, los ciudadanos no ten?an que hacer frente a ning?n obst?culo basado en el rango social o en la riqueza para participar en los asuntos p?blicos. El demos es el poder soberano, para ellos el principio de la virtud c?vica es la dedicaci?n a la ciudad ? estado republicana y la subordinaci?n de la vida privada a los asuntos p?blicos y al bien general, es este uno de los puntos m?s atacados por el liberalismo burgu?s y fue citado como ejemplo para el reacomodo del modelo democr?tico a los estados liberales. En Acerca de la libertad de los antiguos comparada a la de los modernos, c?lebre discurso pronunciado en 1819 por Benjam?n Constant de Rebecque, se contrapone la libertad ciudadana a la implicaci?n en la pol?tica y la participaci?n en los asuntos p?blicos: ?La libertad no es otra cosa que aquello que la sociedad tiene el derecho de hacer y el Estado no tiene el derecho de impedir.?

Como respuesta acertada a este postulado de Constant podr?amos acudir a Arist?teles, en su Pol?tica el Estagirita nos muestra una confluencia absoluta entre la libertad y la democracia griega:

?El principio del gobierno democr?tico es la libertad. Al o?r repetir este axioma, podr?a creerse que s?lo en ella puede encontrarse la libertad; porque ?sta, seg?n se dice, es el fin constante de toda democracia. El primer car?cter de la libertad es la alternativa en el mando y en la obediencia (?) Resulta de esto que en la democracia el ciudadano no est? obligado a obedecer a cualquiera; o si obedece es a condici?n de mandar ?l a su vez; y he aqu? c?mo en este sistema se concilia la libertad con la igualdad.?

En este texto aristot?lico la libertad y la igualdad est?n unidas de forma inextricable. En la democracia griega, hay dos criterios de libertad, el ser gobernado y gobernar por turnos, y el vivir como se quiere. De la misma forma, la igualdad num?rica es posible debido a que la participaci?n se remunera de forma tal que, los individuos no se ven perjudicados como resultado de su participaci?n pol?tica, ya que todos los votos tienen el mismo peso y en principio, todos tienen las mismas posibilidades de acceder a un cargo p?blico. La igualdad es, en el modelo griego, fundamento pr?ctico de la libertad.

Algo que se debe resaltar en el texto de Tuc?dides, seg?n mi criterio, es la concatenaci?n existente entre el modelo griego y las categor?as modernas de Legalidad y Estado de Derecho. La ley del estado griego era la ley del ciudadano, todos eran iguales ante la ley, la cual reg?a las relaciones entre los individuos. La ley se contrapone a la tiran?a, y la libertad, por lo tanto, implica respeto a la ley. Si la ley se formula adecuadamente en el marco de la vida en com?n, impone leg?timamente obediencia. En este sentido, la noci?n de ?imperio de la ley? por el proceso y el gobierno constitucional, encuentra su primera expresi?n en la pol?tica de la ciudad- estado.

Otra prueba de esta idea resulta el ideal griego de isonom?a, un estado de igualdad frente a la ley, muy alabada por Herodoto en sus Nueve Libros de la Historia.

Arist?teles, que defiende la propiedad, se inclina en creer a la virtud base de toda organizaci?n social. El Estagirita, que describe Constituciones de 158 polis griegas en su obra La Pol?tica, sostiene que las formas buenas de gobierno deben impedir el aprovechamiento ego?sta del poder: el Gobierno debe estar al servicio de toda la sociedad:

?Se dir?, sin duda, que las cuestiones que la ley parece no poder decidir tampoco podr?a conocerlas un hombre. Pero la ley educa expresamente a los gobernantes y prescribe que estos juzguen y administren con el criterio m?s justo lo que cae fuera de su alcance?.

La Graphe para nomon, constituye una prueba del principio de legalidad como mecanismo de control de la democracia en la polis griega, era una ley ateniense de la ?poca griega cl?sica, cuyo fin era la protecci?n de la democracia, haciendo a cada ciudadano responsable de las leyes que presentara ante la ekkles?a. Consist?a en que, si un ciudadano propon?a una nueva ley a la ekkles?a y ?sta la aprobaba, si la ley da?aba los intereses de la polis o iba en beneficio propio, daba la facultad a cualquier ciudadano de denunciar dicha ley y congelarla hasta que la ekkles?a dictaminase si era cierta o no la acusaci?n. De ser as?, el que hab?a presentado la ley deb?a hacerse responsable de los perjuicios provocados por ella, de igual manera que el acusador deb?a responder si la acusaci?n era rechazada.

Agrega Finley que en Grecia, «la libertad significaba la supremac?a de la ley y la participaci?n en el proceso de toma de decisiones y no necesariamente el disfrute de derechos inalienables.» La ley estaba identificada con el esp?ritu de la ciudad. «Obedecer la ley significaba seguir la voluntad de la comunidad,» observa Paul Veyne. Como escribi? Cicer?n, solo la libertad puede abrir el camino a la legalidad: «Legum?servi sumus ut liberi esse possimus» («Somos sirvientes de la ley para poder ser libres,»

Este an?lisis nos demuestra que el principio de legalidad no es patrimonio de las revoluciones burguesas, ni del liberalismo. Al mismo tiempo sostiene el argumento de interdependencia de las categor?as legalidad y democracia, ambas dependen intr?nsecamente para su supervivencia: la democracia sin legalidad ser?a anarqu?a, la legalidad sin democracia simplemente no existir?a.

En el resurgir de la democracia tras la ca?da del Antiguo R?gimen, pudiera decirse que la Rep?blica Romana tuvo m?s adeptos que la Democracia Griega. Es de destacar que incluso, para el pensamiento de los pr?ceres latinoamericanos, es la Rep?blica m?s que la Polis la fuente de inspiraci?n.

En Modelos de Democracia, David Held explica este hecho partiendo de que en la opini?n de los liberales las democracias de la antigua Grecia, eran proclives a la inestabilidad, los conflictos civiles y la debilidad interna. Sin embargo, Roma fij? un modelo de gobierno que, no solo vinculaba la libertad con la virtud, sino tambi?n la libertad con la gloria c?vica y el poder militar. Roma ofrec?a una concepci?n de la pol?tica que concentraba la participaci?n pol?tica, el honor y la conquista, y por consiguiente, pod?a poner en cuesti?n el principio mon?rquico de que solo un rey, al disfrutar de autoridad personal sobre sus s?bditos, podr?a garantizar el cumplimiento de la ley, la seguridad y la proyecci?n efectiva del poder.

Held, citando posteriormente a Canovas , explica que en ese contexto para muchos republicanos, ?la libertad? significaba libertad respecto al poder arbitrario de los tiranos, junto con el derecho de los ciudadanos a administrar sus propios asuntos comunes participando en el gobierno. ?Virtud? significaba patriotismo y esp?ritu p?blico, una heroica disposici?n de buscar el bien com?n por encima de los intereses de uno


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